David Álvarez

Me llamo David Alvarez y aunque desde 1989 vivo en los Estados Unidos, soy oriundo de Gibraltar, donde nací y me crié durante los años en los que la frontera estuvo cerrada. (Nací en el año 1965 y veinte años más tarde–o sea en el año en que la verja por fin fue abierta de par en par–emigré a Inglaterra, y de ahí a los EEUU.) Al formar parte de la generación que se crió con una frontera cerrada, tengo mil recuerdos–pocos de los cuales resultan gratos–de cómo fueron aquellos años. Pero más que recordar alguna vivencia en particular, lo que más claramente conservo en la memoria de aquella época es el aire tan infumable que casi todos los gibraltareñ@s respirábamos. Eso, y el contraste tan marcado entre las vistas panorámicas de las que podíamos disfrutar desde las alturas del Peñón y la estrechez de nuestras calles y callejuelas (así como de nuestras miras) mientras estábamos sometid@s a un cruel bloqueo y forzosamente aislad@a de nuestro entorno natural. Aparte del sentimiento cotidiano de estar viviendo en una suerte de prisión al aire libre dotada con vistas estupendas, recuerdo también lo extraño que me resultaba desconocer no ya España en su conjunto sino a nuestr@s vecin@s “de al lao”, o sea a l@s campo-gibraltareñ@s. Lamentablemente, emigré de la zona antes de que pudiera satisfacer las ganas que tenía de conocer la comarca a fondo, de familiarizarme con su geografía y sus costumbres, de conocer de cerca a su gente, y de entablar amistad con sus (mis) vecin@s. No obstante, entre el 1983 y el 1985, cada vez que podía cruzaba la frontera para pasearme por la Calle Real de La Línea, donde solía sentarme al fresco en una de sus cafeterías para leer el periódico mientras me tomaba un café y me fumaba un Ducados. Por muy regulares que puedan parecer, esos momentos me llenaban de puro gozo, y cuando viajo a Gibraltar todavía procuro pasarme un par de horas en el Okay Bar de La Línea para volver a saborear esos deleites cotidianos que tan feliz me hicieron después de que por fin acabara ese encierro tan largo y anti-natural que padecimos casi tod@s l@s gibraltaren@s de mi generación. Y hablando de la historia, les comento una cosita más. Aunque el régimen franquista hiciera todo en su haber por enfrentar y enemistar a gibraltareñ@s y campogibraltareñ@s, al fin no consiguieron realizar su perverso propósito, al menos en mi caso particular. Me siento igual de a gusto en cualquier población de la comarca que en el terruño. Y aunque hubiera preferido empezar a conocer el Campo y las provincias que colindan con él (así como el resto del país) cuando aún era joven, me alegra pensar que aún me queda mucha España por descubrir. En fin, les agradezco esta oportunidad de compartir algunas reflexiones con ustedes (al decir gibraltareño) y les agradezco además que estén trabajando por mantener viva la memoria colectiva de tan importante época. ¡Cordial saludo de un vecino en el quinto pino!