Matilde Díaz Sánchez

Nosotros salimos de La Línea en enero de 1970 por el cierre de la verja, iba a cumplir 17 años y estaba muy asustada por marcharme a un sitio desconocido, dejar a mis amigos y mis estudios en el Instituto Menéndez Tolosa, parte de la familia y toda mi vida, me acuerdo de que cuando venían familiares de vecinos que vivían en el extranjero a mí me sonaba muy raro y pensaba que nunca me ocurriría, que no saldría de mi pueblo y ya ves. Nos fuimos un sábado de noche de tormenta y lluvia a la Estación de San Roque, por el temporal estaban cortadas parte de las vías y nos llevaron por otro camino más largo, no llegamos a Valencia hasta el domingo por la tarde parando en casi todas las estaciones (desde entonces no me gustan los trenes).

Llegamos a Castellón por la noche llorando por nuestra Línea, mi padre consiguió un buen trabajo, a mi me quedaba una parte de la reválida y decidí ponerme a trabajar y estudiar en el instituto por la noche. Empecé a buscar trabajo y en aquel tiempo sobraba, eché varios currículums y pude elegir, me coloqué en una oficina de una fábrica de construcciones, lo pasé fatal porque encima hablaban valenciano y no entendía nada, todos los días me acostaba llorando, la suerte que tuve es que emigraron más linenses y formamos una pandilla de chicos y chicas de nuestro pueblo, lo pasábamos muy bien.

Con el tiempo aprendí el valenciano, empecé a conocer a mis compañeros y eran una gente extraordinaria, me di cuenta que ellos cuando había alguien que no sabía el dialecto hablaban en castellano pero entre ellos terminaban hablando valenciano y no lo hacían adrede. Poquito a poco me fui adaptando y ahora te puedo decir que me encanta Castellón, es una ciudad pequeña pero se vive muy bien y los castelloneros cuando te conocen y te dan su amistad es para toda la vida, aunque nuestro pueblo no lo olvido y volvería a él con los ojos cerrados. Me adapté muy bien, era feliz en el trabajo y los fines de semana salíamos la pandilla de paisanos siempre acordándonos de nuestro rinconcito en el sur. Cuando nos conocimos ninguno nos habíamos visto en La Línea; unos eran de La Atunara, otros de La Colonia y otros del centro, pero hicimos muy buena amistad. Poco a poco cada uno fue conociendo a su media naranja y formaron parejas, yo conocí a Manolo en el año 1972 en una discoteca y desde entonces estamos juntos, en Castellón trabajaba en un taller de mecánico pero no estaba contento, su familia tenía empresa en Madrid y se vino a probar y se quedó, estuvimos hasta el año 1977 de novios hasta que decidimos casarnos y venirnos a Madrid donde formamos la familia que tenemos, que ya son madrileños, ahora mi corazón está partido, porque a mis hijos le tira mucho la capital, mi familia y la de Manolo están en Castellón y añoro mucho La Línea, cada día más, si me tocara algo me compraba una casa allí abajo para pasar temporadas entre el centro y nuestra tierra. Ahora pienso mucho en mis padres y mi tía, se murieron con la pena de estar lejos de La Línea y están enterrados en Castellón, pero así es la vida, nos cambió mucho con el cierre de Gibraltar.